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Autismo

El CBD se está destacando en un contexto bastante innovador, desafiando la percepción negativa asociada a su uso recreativo al ser comparado con el cannabis. En los últimos años, ha desempeñado un papel prometedor en el tratamiento de diversas enfermedades, y uno de sus efectos distintivos es la neuroprotección. Este aspecto lo posiciona como una opción excelente para abordar trastornos como el espectro autista, una condición que carece de un tratamiento convencional establecido, y en la que se suelen tratar los síntomas recurrentes.

Pero, ¿cuál es el papel exacto que desempeña el CBD para ayudar a combatir los efectos secundarios del autismo? ¿Podría ser considerado el medicamento ideal para esta condición? En este artículo, exploraremos la interacción entre el cannabidiol y el autismo, y presentaremos un caso de la vida real que destaca los beneficios significativos de este compuesto en el tratamiento de esta enfermedad.

Trastorno de espectro autista

El autismo, conocido como un trastorno del desarrollo mental, se manifiesta desde la infancia, afectando la capacidad de desarrollo cerebral en áreas específicas como la comunicación y el comportamiento. A medida que el niño crece, enfrenta desafíos en la escuela y en la interacción con otros niños, dado que presenta síntomas como la pérdida de interés en ciertas cosas y dificultades en la comunicación.

Este trastorno es crónico y, aunque no tiene cura, existen tratamientos destinados a mejorar algunos de los síntomas más comunes y favorecer el desarrollo del paciente. La etapa temprana es crucial, ya que influye en el pronóstico del trastorno, especialmente en pacientes menos afectados.

Detectar señales de alerta es fundamental para diagnosticar el trastorno del espectro autista (TEA) en los niños. La Academia Americana de Pediatría recomienda una evaluación exhaustiva entre los 18 y 24 meses de edad, durante las consultas de niño sano.

Algunos síntomas que pueden indicar la presencia del TEA incluyen el retraso en la respuesta al llamado, la falta de contacto visual, dificultades en la atención auditiva, problemas en la coherencia de una conversación, repetición de palabras, conductas o frases, y un aumento del interés en cosas específicas, entre otros.

Aunque aún no se ha identificado una causa concreta para esta patología, se han asociado algunos factores de riesgo, como tener un hermano con autismo, bajo peso al nacer, condiciones genéticas y padres de mayor edad.

La ciencia y su investigación sobre el efecto del CBD en el autismo

Comencemos destacando un estudio que estableció una conexión entre las concentraciones plasmáticas de Anandamida, un componente clave del sistema endocannabinoide, y la presencia del trastorno del espectro autista (TEA). En este estudio, se reclutaron 116 niños, 60 de los cuales tenían autismo y 56 eran de control neurotípico, con edades entre 3 y 12 años. Tras una evaluación basada en parámetros específicos, se realizaron exámenes de sangre cuyo análisis reveló que concentraciones plasmáticas bajas de Anandamida se asociaban con mayores probabilidades de padecer TEA en comparación con los pacientes de control neurotípico.

Esta asociación sugiere que el sistema endocannabinoide o su deficiencia podría estar vinculado al riesgo de desarrollar un trastorno del espectro autista, aunque aún no está científicamente comprobado.

Otro estudio publicado en 2015, también centrado en la Anandamida, demostró que su deficiencia podría afectar la respuesta social en relación con la oxitocina. Se concluyó que una mayor señalización de Anandamida mejoraba significativamente la respuesta social.

En 2017, un estudio realizado en ratones demostró la efectividad del cannabis en el tratamiento de comportamientos sociales autistas y convulsiones en pacientes con el síndrome de Dravet, una afección que afecta a algunos pacientes con trastorno del espectro autista.

Un estudio realizado en Jerusalén por investigadores del Centro Médico de Shaare Zedek evaluó a 60 pacientes de 5 a 18 años con TEA. Se les administró una dosis de CBD y THC en una proporción de 20:1, con 10 mg de CBD y 5 mg de THC por peso. Los resultados mostraron mejoras del 61% en el comportamiento, del 39% en la ansiedad y del 47% en las dificultades de comunicación. Los padres informaron estar satisfechos y notaron una reducción significativa del estrés.

En conclusión, este estudio pionero sugiere que el CBD podría ofrecer esperanza en el tratamiento del TEA, especialmente en edades tempranas. Este enfoque en humanos representa un avance significativo en comparación con estudios anteriores realizados en ratones.

Mecanismo de acción del CBD para tratar el autismo

El cannabidiol se administra comúnmente en forma de aceite de CBD a través de la vía sublingual en gotas. Esta forma de administración permite una absorción rápida y completa del CBD en el organismo. Una vez dentro del cuerpo, el CBD busca específicamente receptores endocannabinoides para interactuar con ellos. Como hemos observado en estudios previos, se ha demostrado que el sistema endocannabinoide (SEC) tiene una relación con el trastorno del espectro autista (TEA).

Es importante destacar que el aceite de CBD no contiene solo CBD, sino también THC, aunque en cantidades significativamente menores. Dado que el cannabidiol tiene la capacidad de mitigar el efecto psicoactivo del tetrahidrocannabidiol, su presencia en este medicamento natural no presenta inconvenientes.

Cuando el CBD se combina con el THC en una proporción de 20:1, ambos compuestos contribuyen al alivio de síntomas como la ansiedad, la irritabilidad, la conciliación del sueño y la mejora del comportamiento social. Además, se ha observado una disminución de las agresiones físicas y de la conducta agresiva en general. Un beneficio significativo de esta combinación es el aumento de la señalización de Anandamida, un componente asociado al trastorno del espectro autista.

¡El CBD ha tenido éxito en casos reales!

Más allá de los estudios científicos, siempre es impactante escuchar casos reales que involucran a pacientes, especialmente en el ámbito pediátrico. Estas experiencias anecdóticas no solo brindan esperanza a otras personas, sino que también aportan un nivel de credibilidad más alto. En este contexto, compartimos la historia de Valeria Salech, madre y fundadora de la ONG Mamá Cultiva, cuyo hijo experimentó una notable mejora en su calidad de vida gracias al CBD.

Valeria relata la situación de su hijo, quien padece trastorno del espectro autista y tenía poca interacción social, viendo la televisión como si fuera una pared en su entorno y experimentando más de 200 convulsiones al día. A pesar de los tratamientos convencionales que había recibido, que incluían un cóctel de medicamentos, el niño mostraba mejoras limitadas y se volvía asocial e irritable.

En un momento de desesperación, Valeria decidió probar el aceite de CBD. Al aplicarle unas gotas a su hijo, experimentó un cambio sorprendente. Valeria recuerda el día en que, al escuchar la risa de su hijo desde otra habitación, descubrió que él estaba viendo la televisión y riéndose con la Pantera Rosa. Este fue un momento impactante para Valeria, ya que su hijo no se reía con frecuencia y necesitaba estímulos para hacerlo.

El CBD no solo mejoró los síntomas del niño, sino que también reveló facetas de su personalidad que Valeria desconocía. Este encuentro con la risa de su hijo le brindó una nueva perspectiva sobre su futuro y, lo más importante, mejoró significativamente su calidad de vida.

Conclusión

La aplicación de CBD en el tratamiento del trastorno del espectro autista podría convertirse en un pilar fundamental para abordar esta enfermedad. Sin embargo, es crucial continuar con las investigaciones para elevar el reconocimiento de este compuesto derivado del cannabis en el contexto de dicha condición. Se destaca la importancia de considerar la combinación de aceite de CBD con THC para optimizar los resultados, siempre manteniendo una proporción de 20:1, con una predominancia de cannabidiol.

Los beneficios de estos compuestos en el trastorno del espectro autista son amplios y ofrecen la promesa de mejorar la calidad de vida de los pacientes, contribuyendo tanto a su desarrollo físico como mental.

Se aconseja encarecidamente la consulta con un médico especializado. De esta manera, junto con el profesional de la salud, se puede evaluar la viabilidad del tratamiento con cannabinoides, llevar un seguimiento detallado de los resultados, analizar la posible interacción de este compuesto con otros medicamentos convencionales y considerar ajustes o inclusiones en el plan de tratamiento según sea necesario.

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